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Colón de Santa Fe

“Aricó, alguien al que se le pagó con la cruel moneda del olvido”

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“Aricó, alguien al que se le pagó con la cruel moneda del olvido”

Salvo en Santa Fe o en una alguna otra comarca en carácter de excepción la noticia pasó inadvertida, pero hace unos días el Covid-19 dio el golpe definitivo y se llevó al otro lado de las cosas a un muy buen delantero que en los años setentas destacó en el fútbol de los domingos: Daniel Vicente Aricó.

El fútbol santafesino de luto: murió el ex Colón, Daniel Vicente Aricó

Ese hombre que ya padecía una grave enfermedad y que el coronavirus terminó de derrumbar en un sanatorio de Rosario no fue una estrella, ni vistió la camiseta de ninguno de los clubes denominados “grandes” en CABA y Avellaneda, y sin embargo gozó de genuina entidad en tiempos de un fútbol argentino de talentos tan extendidos como, con el debido respeto, hoy no los hay.

Nacido el 2 de septiembre de 1951 en la localidad portuaria de General San Martín, San Lorenzo, el santafecino Aricó sobresalió en las divisiones menores de Rosario Central y fue parte de los campeones del Torneo Nacional de 1971 y 1973, uno con Ángel Labruna en la dirección técnica y otro de la mano de Ángel Tulio Zoff: el primero como suplente de Roberto Artemio Gramajo y Aldo Villagra y el segundo alternando en la punta izquierda con Luis Giribet en una punzante delantera que ofrecía al formoseño Ramón Boveda en la derecha y al cordobés Roberto Cecilio Cabral en el centro.

En ese mismo Nacional, el del 73, Aricó escribió una página digna del Libro Guinness del fútbol: en un par de semanas hizo tres goles olímpicos, uno a Belgrano de Córdoba, el siguiente a Atlético Tucumán y el otro a Chaco For Ever.

Y eso, por cierto, en un año calendario en el que llegó a las cuatro conversiones por un camino que hasta el 2 de octubre de 1924 no había tenido nombre y que cuando en un clásico rioplatense jugado en la cancha de Sportivo Barracas un tal Césareo Onzari metió la pelota de córner, se bautizó como “olímpico” en tributo a la formación uruguaya que venía de coronar en los Juegos de París.

En el 74 la llegada de Mario Kempes desplazó a Aricó al banco de suplentes y tras un breve paso por Argentinos Juniors llegó al que resultó, sin más, uno de sus dos lugares en el mundo, Colón de Santa Fe, donde convirtió 41 goles y armonizó con Ernesto “Cococho” Alvarez, Osvaldo Mazo, Hugo Villarruel, batutas de esa índole.

Brioso, de buena talla, poco propenso a demorarse, Aricó disponía de una aterciopelada zurda apreciada por sus compañeros y temidas por defensores y, sobre todo, por arqueros que vivían en estado de alerta ante el inminente peligro de lo que en las tribunas y en las cabinas de los relatores de radio y televisión se distinguía como “el centro envenenado”.

Sufrió, para su desdicha, sea subrayado de algún modo, la coexistencia con decenas de grandes, muy buenos y buenos punteros izquierdos que monopolizaron la camiseta de la Selección Argentina o se le adelantaron en la fila.

Una sola vez se calzó la albiceleste, el 21 de noviembre del 73 en un partido a beneficio versus un combinado de Santa Fe que tuvo lugar en el “Cementerio de los Elefantes” en el que compartió equipo con celebridades como el Pato Fillol, Quique Wolff, Pancho Sa, Daniel Bertoni, Miguel Ángel Brindisi, Roberto Telch, entre otros.

Aquella noche el único gol de la Selección lo hizo él, Aricó, que por lo demás, pese a la escasez de oportunidades y a su bajo perfil no desentonó para nada en lustros rubricados por la masividad de números “11” estelares: en orden impreciso, tres que jugaron en el Real Madrid (Oscar “Pinino” Más, Carlos “Chupete” Guerini y Edgardo “Chavo” Anzarda), más Juan Ramón Verón (la “Bruja” originaria), Roberto “Conejo” Tarabini, Juan Carlos Carone, Enzo Ferrero, los referidos Kempes, Bertoni, Gramajo y Giribet, Rodolfo Fischer, Oscar Valdez (ídolo del Valencia de España), Juan José De Mario, Jorge Castiglia, ¡Oscar Ortiz!, Omar Larrosa, Roberto Díaz, Fernando “Turco” Alí, y sigan las firmas.

Cuando dejó Colón pasó por Nacional de Medellín, las lesiones hicieron mella y tras recalar en Tigre y Deportivo Morón colgó los botines demasiado joven para el DNI y también para el fútbol activo, a los 31 años.

Aricó, en fin, jugó muy bien por la orilla izquierda en tiempos donde los aspirantes a cracks a la hora de una prueba no decían “soy punta” sino, a lo mejor, “soy wing”.

Vayan estas palabras de humilde homenaje a Daniel Vicente Aricó y en él a todos los futbolistas que supieron hacer grande al fútbol argentino y se les paga con la injusta, cruel moneda del olvido.

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Fuente; Télam

Fuente: SOY Deportes

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