Carucha Muller: "Soy el único jugador de la historia que pedía ser suplente" | SOY Sabalero Colón de Santa Fe

Carucha Muller: “Soy el único jugador de la historia que pedía ser suplente”

Fue dupla central con el Ratón Ayala. Jugaba y repartía viandas hasta que lo compró Newell’s. La joyita que le regaló Maradona, la noche que cerró su pase a Vélez con Chilavert y el mito sobre su apodo. Imperdible nota al ex delantero sabalero, que fuera subcampeón con Colón en 1977.

Dos cracks tenía el seleccionado juvenil de Paraná en su categoría 1973. A mediados de la década del ’80, el equipo recorría la zona y visitaba otras provincias con los zagueros como pilares y como focos de atención. Víctor Javier era el 2 y jugaba en Patronato, mientras que Roberto Fabián era el 6 y defendía la camiseta de Atlético. El tiempo les daría apodos famosos a los centrales del selectivo paranaense: Carucha y Ratón. Y también carreras en equipos de Primera, aunque uno se destacaría en una posición distinta. «Era bueno de verdad jugando de 2», le cuenta Carucha Muller a Clarín desde Paraná, su lugar en el mundo. «Tres veces me fui a probar a Newell’s y quedé en todas. Estaba Jorge Griffa como coordinador, pero en ese entonces había que tener plata para bancarse la pensión y a mis viejos no les daba», aclara.

La historia de Víctor Muller es la de muchos que cambiaron de puesto por un golpe de suerte o por un partido. Se dijo: Carucha la rompía de marcador central. Le gustaba tanto jugar al fútbol que siempre se quedaba a ver las categorías mayores de Patronato y cada tanto lo llamaban para completar las planillas. «Jugaba de defensor en mi división y después me convocaban para las mayores, para estar en el banco. Una vez faltó un delantero y me pusieron. Metí un gol. Al siguiente fin de semana jugué de 2 en mí categoría y de delantero en la más grande. Volví a meter goles. Fueron tres o cuatro fines de semana iguales. Después vinieron a hacerme una nota por los goles que hacía y me encantó. Ahí pasé a jugar de delantero», resume el ex goleador de Colón y Chacarita, entre muchos clubes. Y no le fue mal con la determinación: convirtió 54 goles en 209 juegos en Primera de Argentina.

Cuenta Carucha que fue su papá, Hugo, ex entrenador local, el que más consejos le dio en su carrera. Y también el que más lo ayudó, porque le costó llegar al fútbol grande a Víctor Javier. «En la Primera de Patronato debuté en 1989 y estuve 6 años con un rendimiento parejo: jugaba el Torneo del Interior y me destacaba. Un par de veces me vinieron a buscar de Newell’s y de Colón, pero pedían mucha plata por mi pase. Yo tenía un contrato mínimo en el club y trabajaba aparte porque fui papá a los 17 años. Fui empleado municipal y repartidor de viandas. Un día llegué a mi casa y le dije a mi señora que no jugaba más, que estaba cansado. Me retiré. Estuve dos meses sin entrenar, sin tocar una pelota. Hasta que un día vino mi viejo con su amigo Alcides Papaleo, que acababa de ganar las elecciones en Patronato. Me ofreció volver y me prometió que me iba a vender si llegaba una oferta. Cumplió: a los 6 meses estaba jugando en Colón», resume Víctor. Y ese fue el principio de algo grande.

«Buen partido, Caru». Eso fue lo que escuchó Muller minutos después de su debut como titular en Primera con la camiseta de Colón. El que se lo dijo fue Diego Armando Maradona, en la sala de doping de la Bombonera. Sí, Carucha jugó en el histórico triunfo de Boca 1-0 ante los santafesinos del sábado 7 de octubre de 1995. «Si Scotto no metía la cabeza todavía estamos jugando porque el partido se terminaba solamente si Boca metía un gol», cuenta entre risas.

-¿Cómo fue la historia con Maradona?

-Esa tarde fue la mejor de mi carrera. Me acuerdo que mis compañeros me retaban porque miraba a Maradona en vez de calentar en los minutos previos al inicio. Yo estaba hipnotizado observando al Diego, la caja sorpresa con Dalma y Gianinna, cómo corría dando saltitos, cómo saludaba a todos. Después en el partido lo matamos. Hicimos un partidazo. Nos ganaron porque tenían que ganar sí o sí. Llegué al vestuario y me avisan que debía ir al control antidoping con Ricardo Kuzemka. Fuimos y cuando entramos a la sala estaban el Diego y Mac Allister. Ahí me soltó el «buen partido, Caru». No podría creer que me conociera: era mi primer partido de titular. No sé cómo me animé a pedirle la camiseta. «Ahora te la mando», me dijo. Pensé que se iba a olvidar. Pero a los pocos minutos vino el utilero nuestro con una bolsita y la camiseta de él. Todavía la guardo como el gran tesoro de mi carrera. 

En un par de años en Colón y en Primera, Muller llamó la atención de los dos equipos grandes de Argentina. «Me quisieron River y Boca. En 1997 veníamos de salir subcampeones y Ramón Díaz nos quería a mí y a Cristian Castillo. Finalmente lo mío no se hizo. Y años después tenía todo cerrado con Macri para ir a Boca. Pero se fue a Europa a ver si podía contratar a un delantero allá y se trajo al Pampa Sosa», asegura.

-Ahí aparece Chacarita…

-Claro. Hablé con mi representante y decidimos que tenía que venir a Buenos Aires porque era otra vidriera. Me tocó andar bien y hacer goles importantes, como el de la mano contra River en un empate 4-4. Me vendieron en 2.500.000 de dólares al Monterrey. Chaca es un club que quiero mucho porque tuve tres pasos por ahí, el último en 2004, donde teníamos un equipazo para ser campeón pero nos fuimos a la B porque Luis Barrionuevo no andaba bien con los de la AFA.

-¿Es verdad que fuiste un talismán en México?

-Sí, en Pumas con Hugo Sánchez de entrenador. Me metió en 4 partidos e hice 4 goles. Después me puso de titular y no agarraba una. Le pedía por favor que me ponga en el banco. Debo ser el único jugador en la historia que pedía que lo pusieran de suplente. Hicimos un campaña bárbara y perdimos en semifinales ante América.

También Carucha tuvo un buen paso por Vélez (2000-2001) y su contratación tiene una historia peculiar que merece ser contada. «Me contrató Chilavert en un estudio de televisión», dispara el ex goleador de 48 años. Y amplía: «El Chila manejaba todo. Ambos fuimos de invitados al programa de Niembro en la TV y en los cortes nos pusimos hablar. Yo fui por los dos goles que le hice a River en el 4-4 de 1999. Ahí me dijo que me quería en Vélez, que para el juego largo que tenía él un delantero potente como yo era ideal. La cosa quedó ahí. Una tarde, ya estando en México unos meses después, recibo un llamado y era José Luis.´Volvete a jugar las copas´, me dijo y me vine sin dudarlo. Estaba Julio Falcioni de entrenador».

Antes de ser Carucha, uno de los apodos más recordados de los futbolistas de la década del ’90, Víctor Javier fue el Diablo. Así lo conocen en Paraná y en Santa Fe, aunque asume que ahora Carucha es su apodo regular. «El Turco García me decía así porque decía que me parecía al Carucha Corti. Empezó Caru de acá, Caru de allá y me quedó», cuenta.

-¿Te molestó o te molesta el apodo?

-Para nada, porque la mayoría de las veces me lo dicen con buena onda. Me molesta un poco la falta de respeto, ver algunas fotos que su publican en las redes. Pero trato de no darle bola.

-Hace unos años una publicación hizo una encuesta sobre el jugador más feo del fútbol argentino…

​-Eso fue una falta de respeto de El Gráfico, una revista que pensaba seria. Pero fue la única que vez que me pasó algo así acá. En México también vino un periodista a decirme algo. «¿Vos sos Brad Pitt?», le pregunté. Que yo recuerde, Brad Pitt nunca vino a decirme que era feo, porque si viene él, bueno, ahí sí te la bancás.

Carina es la mujer de Carucha pero conviene decirle compañera con todas las letras. Se conocieron en el barrio Pagani Chico de Paraná cuando eran niños: ella vivía en la esquina y él a mitad de cuadra. «La pasaba a buscar para ir a la escuela. Fuimos amigos 10 años y nos pusimos de novio cuando yo tenía 16. Un año después nació nuestra primera hija. Mi familia es mi máximo orgullo», sentencia Muller. 

-Contá cómo se llaman tus hijos y por qué…

-Katja, ​Shirley y Maverick. Katja por Katja Alemán, porque nos gustaba el nombre. Estábamos entre Catherine, por Fulop, o Katja. Después Shirley es por la actriz estadounidense Shirley Temple. Y Maverick es por el protagonista de Top Gun, una película que me encantó.

-¿Cuánto te reprocharon por los nombres?

-Nada. Maverick me dice que ama el nombre porque no conoce a nadie que se llame igual que él.

(Gentileza Clarín)


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Fuente: SOY Deportes