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Coronda: el día en que los motines se suspendieron por quince años

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Coronda: el día en que los motines se suspendieron por quince años

Una bacanal de sangre, carne y fuego se desató con la furia que sólo los infiernos conocen, en las últimas horas del 11 de Abril de 2005, cuando un verdadero malón de presos oriundos de Santa Fe, salió del Pabellón 7 y arremetió con el claro objetivo de matar a internos rosarinos alojados en los Pabellones 1 y 11. Aún hoy llama la atención la facilidad con la que pudieron actuar.

El resultado luego de 10 horas, ya el 12 abril, fue contundente y se convirtió en uno de los tres hechos más sangrientos en las cárceles del país: 14 reos murieron de la peor manera. Trece esa noche pero hay un crimen que desató la increíble ira de los presos santafesinos, porque los del sur de la provincia mataron horas antes a Eduardo Verón, uno de los capos de la penitenciaría.

Esa muerte se pagó con tanta sangre como uno podría imaginar ver en una película de Quentin Tarantino, pero peor y en el marco de la realidad. Quemados vivos, degollados, acuchillados, molidos a golpes, no alcanzaban los ataúdes para meter tantos cuerpos dispersados en un campo de batalla techado. Dos guardias fueron tomados como rehenes, pero al final salieron casi ilesos de la situación. Su retención fue una excusa para ganar tiempo y matar y matar y matar.

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El gobierno peronista de Jorge Obeid quedó preso de este hecho, Fernando Rosúa y Oscar Mansilla se tuvieron que ir, asumió Jorge Bortolozzi y calmó las aguas con mucha disciplina y sentido común, pero poniendo énfasis en no dar motivos para que siga habiendo motines.

Antes era común que hubiese motines, con todos los condimentos: empleados rehenes, presos lastimados, muertos, fugas, subidas a los techos, roturas e incendios.

Curiosamente, a partir de 2007 cuando ingresó el gobierno socialista con Hermes Binner, con Daniel Cuenca a cargo de Seguridad, una situación prolongada en el tiempo se iba a generar en las cárceles que luego continuarían Álvaro Gaviola, Leandro Corti, Raúl Lamberto y Maximiliano Pullaro, entre otros.

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La cárcel de Coronda se encuentra en el sur de la ciudad.

La cárcel de Coronda se encuentra en el sur de la ciudad.

Archivo

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Es que durante las gestiones de Binner, luego de Antonio Bonfatti y de Miguel Lifschitz no hubo motines. En 12 años no existió ni por asomo este tipo de revueltas y lo que sí se vio es una influencia mayor de los organismos de derechos humanos que de algún modo solicitaron y consiguieron muchos beneficios para los reclusos, incluso más de lo aconsejable.

“Los apañan” solía escucharse a cada rato, con un gobierno que siempre acompañó para que los “chicos” estuvieran tranquilos. El tema es que esta situación de brindar más comodidades –ya sea por “bondad política” o por “acuerdos”- no aparejó más motines, pero sin dudas que fue una sábana corta para los empleados penitenciarios, que comenzaron a tener muchas limitaciones y más problemas a la hora de trabajar, y poca posibilidad de reacción ante las provocaciones de los reos.

Con los presos llamados de alto perfil, ergo, narcotraficantes, las medidas de seguridad y de confort de este tipo de internos llamó mucho la atención y la “ostentación” de status no se dejó esperar: barras de Colón mostrando nutridos asados, piletas para refrescarse en verano, ni hablar de la posesión de teléfonos celulares y netbooks o notebooks. Es más, durante estos años la cantidad de delitos informáticos concretados desde adentro del penal fue obscena porque un preso está para ser eliminado del delito y sin embargo, siguieron delinquiendo.

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Con el motín que reapareció en escena tras quince años, el lunes 23 de Marzo, quedó en evidencia algo que muchos quisieron que pasara desapercibido: la cantidad de tráfico de drogas y pastillas que suele haber dentro del penal, porque la abstinencia de los internos fue un elemento fundamental para envalentonarlos y generar esa revuelta y con el coronavirus acechando se prohibió la visita y ¡oh casualidad! se agrandaron las ansiedades de los reclusos.

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Que hay quioscos de todo tipo en la penitenciaría es un secreto a voces que nadie pudo o quiso documentar, pero de lo cual siempre se habló.

¿Estos motines de marzo en Coronda y Las Flores, tuvieron una arista política? Algunos se escudan en eso para no asumir responsabilidades y otros consideran que “algo debió haber”.

Aquella masacre no se repitió ni cerca, pero los que pagaron los platos rotos y las carnes quemadas fueron los empleados, que generalmente son atendidos y son centro de atención a través de los medios de Coronda porque saben del día a día y porque “quién no tiene un conocido que trabaja en la Cárcel” pero que sin poder agremiarse ni mucho menos, siguen pidiendo en silencio, a través de sus familias y de los periodistas locales, que algo mejore para ellos, porque es un verdadero milagro que no haya habido otro Marcos Sánchez en las cárceles santafesinas, y especialmente en una que debería tener 1050 presos y tiene a 1600 adentro. ¿Se imagina un Fiat 600 con 10 personas adentro?

Para eso estará la cárcel federal que también se abrirá en Coronda. La misma fue “aceptada” porque iba a dar mucho trabajo pero por ahora empleo, muy poco. El destino penitenciario de esta cabecera departamental seguirá escribiendo noticias atrás de los muros y entre rejas.

Coronda quedó presa de su propia elección.

Fuente: Aire de Santa Fe

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