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Colón de Santa Fe

El fútbol le ganó al corazón

Colón

El fútbol le ganó al corazón

Colón
Copa Sudamericana

Fue una final única. Por los condimentos y porque un partido solo no te da revancha. Y si te equivocás, lo planteás mal, y fallás en los momentos claves, es mucho más probable que pierdas. Todo eso le pasó a Colón. Y se convirtió en calabaza. Chau sueño. Independiente del Valle, el que cuando se cargó a River y a Boca en el 2016 luego cayó en la final de la Libertadores 2016; esta vez, tras eliminar a otros dos argentinos -Independiente y Unión-, borró al Sabalero de la cancha y gritó por primera vez campeón continental.

La diferencia abismal que existió entre un equipo y otro era de prever. Porque el que privilegia el juego asociado y de posesión, el modelo europeo -su técnico, Miguel Ángel Ramírez, es español- importado al fútbol sudamericano, prevaleció sobre el que llegó hasta acá porque en cada serie mostró sobreponerse a la adversidad, con carácter y temperamento. El corazón, la hombría, que tanto remarcó Lavallén en la previa, apareció en cuentagotas en la Nueva Olla. Y ni la compañía de 40.000 hinchas generó una reacción.

De entrada, los ecuatorianos impusieron las condiciones. También porque Colón se lo dejó. Intentó cerrarse atrás y juntar las líneas, el arco de Pinos le quedó lejísimo, e igual así no pudo, porque Dájome tiene un cohete en la cola y ridiculizó a Escobar; porque Jhon Sánchez maneja con un motor V8 e hizo lo que quiso con Vigo; y porque ante esa velocidad contra los laterales, Ortiz y Olivera quedaron expuestos. Y esta vez, de las que fueron al arco, Burian, tantas veces héroe, no las pudo sacar.

Y apareció la lluvia. El viento que acercó las oscuras nubes al estadio ya habían alejado el sofocante calor de esta ciudad. Y el agua, cada vez más intensa, obligó a suspender el partido durante una hora, justo después del 1-0 de León, habilitado por Ortiz y que por eso el VAR validó. Al Sabalero le sirvió para desanudarse y se paró unos metros más arriba. Y con otra intención ofensiva. Levantó Bernardi, Morelo metió la cabeza en el partido y casi lo empata. Pero a IDV también le sirvió: aún con lluvia, el campo drenó y otra corrida, esta vez de Sánchez, amplió la diferencia entre los dos planteos. Porque por supuesto que los de Quito no son sólo liebres y que sacan diferencia en la altura. Tienen tipos pensantes como Pellerano y Mera que meten pases que lastiman.

Y llegó el condimento del penal, agarrón a Morelo -el VAR dudó, llamó a Claus y el árbitro ratificó su fallo-, que el Pulga Rodríguez, lesionado en la entrada en calor e infiltrado para poder jugar, tantas veces infalible desde los 12 pasos, esta vez se lo atajaron. Y el equipo volvió a derrumbarse. Lavallén puso ofensivos por los laterales, a todo o nada, y ni eso funcionó. Lértora metió por él y por sus compañeros. Pocos se contagiaron, nunca apareció Estigarribia. Zuqui fue intermitente. Por amor propio, igual Colón siguió yendo y Olivera, con una volea, descontó, la gente se despertó y los minutos finales fueron a todo o nada por el heroico empate. Y fue nada: en un gol con espacios, con aires del del Pity Martínez a Boca en la final en Madrid, Dájome definió con el arco libre y fue el tercero… Salud, campeón. Cristóbal, perdón.

ASUNCION (ENVIADO ESPECIAL).

Fuente: Olé

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