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Colón de Santa Fe

Garcé: Colón, La Virgen, el Mundial y mucho más

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Garcé: Colón, La Virgen, el Mundial y mucho más

De futbolista, Ariel Garcé (40 años) le escapaba a la prensa, hizo una carrera y cultivó un personaje del que se presumía más de lo que se conocía fehacientemente. Algunas sorpresas fueron de público conocimiento: como la convocatoria de Diego Maradona para el Mundial de Sudáfrica 2010 cuando jugaba en Colón. Otras las revela en estas preguntas: como qué pasó con la virgen, el desempate contra Colón jugando para Rafaela. El Turco Mohamed, Martino, el número 46… y mucho más!

-¿Trajiste alfajores de Sudáfrica, al final?

-Ja, ja, no llegué a preguntar si había. Eso sí: mis viejos compraron un montón de cosas allá que no entraban en las valijas. En realidad, me quedé con varias cosas por hacer en Sudáfrica, porque con la eliminación nos tomamos un vuelo al toque a la concentración y ahí estuvimos un par de horas charlando con mis compañeros. Nos abrazamos, compartimos, nos dijimos “gracias”, “qué lástima”, con tristeza, pero con muy buena onda y a las 10 horas estábamos en Buenos Aires, no hubo tiempo para nada.

-¿Qué pensaste cuando Maradona te citó contra Haití, un mes antes de ese Mundial?

-No quería ir. “Deciles que estoy lesionado”, le pedí a mi representante. Era un miércoles, contra Haití, en Cutral-Co, un frío. Además, Diego había llamado a mil jugadores, yo creía que ni me conocía, sentía que tenía cero chances de ir al Mundial, era una selección local para cumplir. “No seas boludo, andá, así papá y mamá te pueden ver con la camiseta de la selección”, me aconsejó mi hermano, que siempre fue una referencia para mí. “Además va a tener más repercusión si decís que no a que si vas. Andá, dale un abrazo a Diego, decile que lo re querés y disfrutalo”, siguió mi hermano. Fui con ese plan. Estaban Ortega y Palermo, el resto no entendíamos nada. Los de Haití eran muy malos, ganamos 4-0.

-Y en la previa metiste la arenga que fue clave para llegar al Mundial, ¿no?

-Eso parece. Estábamos por entrar a la cancha, a los haitianos les costaba salir. porque hacía frío (risas), se hizo un bache, había una energía de “qué plomo venir hasta acá y jugar este partido” y entonces tiré una pequeña arenga: “Si hoy hay una selección, esa selección somos nosotros, eh”, y algo más, justo se abrió la puerta, y salimos. Diego tenía dudas, no quería llevar a Zanetti, le cuadré y ahí nomás arrancó el show.

-¿Qué show?

-Terminé ese 4-0 a Haití con un dolor en el gemelo, y volviendo en el micro al hotel, el Profe Signorini me dijo: “Mirá que Diego te vio muy bien, no te quedés afuera por lesión”. Pensé que me estaba jodiendo. Nos quedaba un partido con Colón y le pedí al Turco (Mohamed) no jugar y me fui a atender con el Negro Mendoza. Al día siguiente sonaba mi celu, pero como no conocía el número, ni bola. “Te está llamando Mancuso, atendelo”, me dijo mi representante. “Chino, estamos viendo la lista, pero tenemos miedo de que te cagues cuando suene el himno”. Ja, ja, le doblé la apuesta. “Si suena el himno le peleo a Tyson”, le contesté. Y así entré en la lista de 30 y todos se empezaron a reír de mi convocatoria, me mataban, decían que era un mamarracho.

-¿Creés que Diego se empacó en tenerte entre los 23 para llevarle la contra a la gente?

-Quizás el hecho de que la prensa y mucha gente se tirara en mi contra llevó a Diego a decir: “Este es mío, ahora este viene conmigo”. Si pasaba desapercibido, capaz no me llamaba, no sé. Al Mundial yo iba a ir igual. Con 10 amigos veníamos poniendo 100 dólares por mes, ya teníamos el pasaje, hostel, auto. La idea era ir a vivir el Mundial en la calle, en los Fan Fest, la típica argentineada. De golpe se complicó: tuve que empezar a sacar pasajes a la familia, y de los caros, sobre la hora. ¡Me salió carísimo el Mundial al final, ja, ja! Pero agradezco a la vida: mi vieja se murió 2 años después y pudo disfrutar esa experiencia; mis amigos, que iban a ver los partidos desde una tribuna lejana, entraron a la concentración y se sacaron fotos con Messi, mi viejo al lado de Maradona, mis tías. fue una aventura tremenda.

-¿Qué pensaste al ver la bandera “Garcé traé alfajores”?

-Dady, el masajista de la Selección, me jodía en esos primeros días que entrené con el plantel: “Traeme chorizos y alfajores de Tandil”. Cuando entramos al Monumental para jugar contra Canadá, el último amistoso, estábamos para cantar el himno y Dady viene por atrás y me dice: “Mirá allá arriba, te puse la bandera”. Creí que había sido su idea. Me dieron demasiada importancia. Para mí fue algo fabuloso, soñado: iba a ir al Mundial a verlo con mis amigos y de golpe lo fui a jugar, ¿de qué me voy a quejar?

La bandera por su sorpresiva convocatoria al Mundial 2010

-¿Fuiste sólo a disfrutar o con la ilusión de jugar?

-Fui a disfrutar, pero también tenía la ilusión, ¿cómo no? Siento que estuve a la altura desde la primera práctica. De hecho, fueron mis mejores 50 días. Había muchachos de Europa que no me conocían, Heinze por ejemplo, y le comentaron a Demichelis, que después me lo contó a mí: “Che, juega bien este loco, eh”, como que se sorprendieron. Claro: jugás con mejores y jugás mejor vos también. Al final no entré ni un minuto, pero contra Grecia calenté como 70 minutos, y después entró Palermo con el último cambio y me puse a llorar, se me iba la chance. Igual, me encantó todo.

 

-El mejor DT que tuviste

-Mohamed y Martino. Al Tata lo tuve poco en Colón, pero me pareció muy bueno. Y el Turco es el que más sabe y me encanta la persona. Cuando llegó, estábamos peleando por no descender y los primeros días nos puso a hacer jueguitos de cabeza, nos matábamos de risa. “Nos llegan a ver así los hinchas y nos matan”, pensaba, pero le ganamos 2-0 a Independiente, remontamos y zafamos. Y siempre con esa alegría.

-¿Y el peor?

-Caruso Lombardi. No le hizo nada bien al fútbol. Lo tuve en Argentinos y les bajaba un mensaje terrible a los jóvenes. Sus indicaciones pasaban por especular, por hacer tiempo, por tener “la platita en el bolsillo, el auto, la minita”. Nos decía: “Salimos lento, nos tiramos al piso, cuando la hinchada para de gritarnos, ahí es nuestro momento”. Lamentable. Yo me quería matar, tampoco tenía intenciones de pelearme, estaba cerca de terminar mi carrera.

-Definí a Colón y a Central.

-Son dos muy grandes del interior que conviven con su rival en la misma ciudad y tienen más de la mitad de los hinchas allí. Son clubes bastante sufridos los dos: Colón nunca ganó nada, y la gente no se quiere morir sin verlo ganar, el mejor ejemplo fue la final de la Sudamericana. Y Central va para 35 años sin ganar el campeonato. No sé si hay un hincha tan fanático como el de Central, está todo el día pintando la calle, va con la camiseta puesta a todos lados, con la toalla, en cualquier lugar del mundo te cruzás con un hincha de Central.

-¿Qué sentiste que en tu último partido como futbolista, con Atlético Rafaela, le ganaran el desempate por el descenso a Colón?

Fue horrible, durísimo, porque es un club al que le di un montón durante cinco años y además tengo amigos fanas de Colón. Encima mis compañeros me levantaron en andas, era mi último partido, parecía demasiado.

-¿De Colón te tuviste que ir por el famoso tema de la Virgen?

-Lo de la Virgen fue un detonante más, pero en el fondo me fui porque después de pelear el descenso e ir mejorando con los años, en un momento vi que estábamos para dar el salto de calidad y apuntar a ser campeones. Me senté con el presidente (Lerche) para plantearle que había que cambiar ciertas cosas para dar ese paso, como el cuerpo médico, por ejemplo, tipos que estaban hacía 30 años en el club por acomodo, como pasa en tantos clubes. Habíamos perdido a dos o tres jugadores por diagnósticos errados. O por ahí llegábamos a Buenos Aires y no había comida en el hotel. Le planteé eso a Lerche y no le gustó nada.

-¿Qué te contestó?

Le recordé que al asumir, él mismo me había dicho que no sabía nada de fútbol. Y que alguna vez le tuve que prestar plata para solucionar cuestiones del plantel. “A mí no me interesa ganar más plata, quiero ser campeón”, le dejé en claro. Pero Lerche se llenó de soberbia, se la creyó, quizás porque se había acercado a Grondona, tenía un cargo en la Selección y se creía el más capanga por viajar con Messi en el avión. “Esto va a seguir todo igual”, me dijo. “Listo, yo me voy”, le contesté. Unos meses antes había pasado lo de la Virgen, ya venía medio pesado el tema. Di una nota y vaticiné lo que iba a pasar en el club. No me dejó jugar el último partido contra Banfield y me fui a despedir de mis compañeros al vestuario.

-¿A la Virgen la rompieron porque creían que traía mala suerte?

Esa Virgen tenía cierta fama y el plantel la había empezado a mirar con desconfianza. Después de perder un clásico con Unión ya todos empezaron a preguntar: cuándo, cuándo, cuándo la sacamos, y entonces decidimos retirarla, restaurarla, porque estaba medio dañada, y ponerla en otro lugar, en el predio, por ejemplo. La verdad, si querés verla desde la espiritualidad, no da para poner una virgen en la tribuna de un estadio. Si bien no era el capitán, lo era el Bichi, yo manejaba bastante al grupo, y además estaba lesionado, entonces me hice cargo. Contacté a un restaurador y les di unas directivas a unos muchachos para que la lleven. El problema es que se les rompió en el traslado.

-¿Cómo siguió?

Los locos estos me llamaron, desesperados. Les dije: “Háganla desaparecer que consigo otra”. Hablé con un escultor de Córdoba para que hiciera una igual. Jamás imaginé que se generaría semejante escándalo, la gente se puso loca, se metió la iglesia, aparecieron carteles de “Garcé hereje”, todo era desconcierto. “Muchachos, yo firmo que me hago responsable de esto”, le aclaré al plantel. No me gustó la actitud de muchos compañeros que se abrieron de gambas, me decepcionaron, me di cuenta de que como grupo no estábamos bien y ahí empecé a sentir que tenía que irme. Y le conté al presidente lo que pasó. En síntesis: la cagada mía fue confiar en gente que no debía y que rompió la Virgen. Porque nuestra idea original era restaurarla y cambiarla de lugar, pero lo hicimos de modo algo inconsciente. Empecé a tener toda la prensa en contra, sobre todo del grupo Vila, que estaba enfrentado con Grondona y aprovechaba para pegarle al club de Lerche. Así que en esos medios tenía notas en contra todos los días.

¿El 46 en Colón lo usaste por Valentino Rossi?

-Sí. Valentino es el Messi de las motos: es un crack, ganó todo y es muy carismático. Ya trabajando como técnico en el Moto GP de Termas de Río Hondo lo esperé como dos horas y cuando salió se vino toda la gente y quedé apretado sobre las vallas y no pude hablar. Igual, al ídolo mejor dejalo ahí, en el póster.

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MAS JUGO DEL CHINO

-¿Qué fue lo que más te llamó la atención de Messi en ese momento?

-Que fuera top en todo: técnica, habilidad, pique, físico, remate. Y quería ganar siempre. Nosotros hacíamos reducidos con arco grande, no se hacía fútbol formal, los equipos eran siempre los mismos, y a mí me tocaba jugar en contra de él. Si en algún reducido nos poníamos 2 goles arriba, se enojaba, iba al lado de su arquero, la agarraba, empezaba a gambetear a todos, tun tun tun y gol. Después de pasar al frente, paraba un poco. ¡Encima de que es imparable, tampoco lo podía tocar! Jugaba de doble cinco, mi estilo era medio guerrero, pero era imposible rozarlo, me mandaban de vuelta, tenía el pasaje en la canillera, ja ja, como Bastía con las amarillas, el loco sabía que lo iban a amonestar, el tema era averiguar en qué minuto (risas).

-¿Y qué te pareció el Messi persona?

-Hablamos poco, porque yo estaba más con los grandes, Verón, Heinze, Palermo, Pozo, y Leo andaba con sus amigos, Di María, el Kun, Maxi (Rodríguez). Ellos jugaban todo el día a la play o a los dardos, se acostaban más tarde, y jodían con su grupito. Igual percibí a un pibe muy sencillo, linda persona, consciente de lo que afrontaba en ese Mundial. Vos te das cuenta cuando un tipo es soberbio, y este nada que ver. Por ahí le tirabas un pase horrible y no te decía nada, no te miraba desde arriba. Aunque no compartimos demasiado, me llevé esa linda imagen de él.

-¿Cómo viste desde el banco el 0-4 con Alemania, por qué fue tan abismal la diferencia?

-Es lo que nos viene pasando desde hace tiempo: muchos jugadores que individualmente en su club hacen historia y después se complica trasladarlo a la Selección, porque el equipo tiene otras cualidades. La clave del entrenador es poder armar un equipo donde cada uno cumpla una función que no sea la función que trae en la mochila de éxito de su club, agregarle un trabajo con compromiso, humildad y responsabilidad.

-Aun hoy, en las redes aparecen comentarios del tipo “más insólito que Garcé en un Mundial”, ¿te jode?

-Algo veo, porque ahora tengo Instagram (@chinogarceoficial), o me cuentan, o me llegan menciones. El otro día aparecía entre los jugadores con más suerte, qué sé yo, lo veo y siento que ya no soy más ese tipo. Por momentos no puedo creer que haya jugado al fútbol, siento que hablan de otra persona.

-¿Quién es Ariel Hernán Garcé?

-Un soñador, un busca, un tipo con ímpetu y amor propio. Soy de esas personas que creen que si das lo mejor, algo va a pasar. Como futbolista, en las inferiores de River jugaba de 5, era bastante técnico, pero en la Reserva quedé chiquito, y me dijeron que tenía que comer y ponerme fuerte, ser más áspero para ganarme un lugar. En River todos jugaban bien, así que había que sumar un poco en el trabajo sucio, y por ahí me pasé un poco con eso, ¿no? (risas).

-¿Trabajaste de pibe?

-Vendí diarios y huevos, pinté piletas, corté pasto, fui ayudante de peón de albañil. Mi viejo tenía un criadero de chanchos en un campo prestado y allí vivíamos. Había que ir a darles de comer a los chanchos, carnearlos. Mi hermano, que es más grande, hacía el laburo de mayor fuerza, a mí me daban para pesar los chanchos, preparaba los encargues para Navidad, revisaba los huevos. Mi vieja era docente, siempre con su mirada esperanzadora y tierna. Cuando a mi papá lo echaron del campo se compró una máquina para cortar el pasto e íbamos casa por casa pidiendo si podíamos cortar, así me inculcó lo que es la supervivencia. Y después tuve que aplicar esa supervivencia en la pensión de River.

-¿Tan brava era la pensión?

-A mí me tocó vivir en la que estaba enfrente del club, afuera, y por ahí caíamos a las 8 de la noche y ya no había más comida. No es como ahora, que tenés gente que te sirve y te cuida. Por ahí la cocinera hacía 30 milanesas y se iba. Y cuando llegaba, ya se las habían comido tus compañeros. Te robaban cosas, te tomabas el micro para irte solo a tu casa, no tenías a tus seres queridos. Muchos no aguantaron y se volvieron a sus pueblos. Por esa supervivencia que me inculcó mi viejo me la pude bancar, aunque después le criticara que no me fuera a ver a los partidos o no me abrazara. Mataba 200 chanchos por día, ¿qué te iba a abrazar?

 

-¿De quién eras hincha de pibe y quién era tu ídolo?

-En mi familia eran de Boca y San Lorenzo, pero nunca le di mucha bola a ninguno. Al llegar a River con 14 años empecé a sentir esa camiseta, estuve hasta los 25, agarrás un sentido de pertenencia. Hoy te digo que soy hincha de River y de Central. No tuve ídolos, pero cuando me preguntaban quién quería ser, decía “Redondo”: el porte de jugador, la zurda, el pelito, su jerarquía, además jugaba en el mismo puesto que yo.

-“Me arremango, me creo que soy un toro”.

-Síiiiii, ja, ja, me acuerdo, una nota en El Gráfico cuando recién empezaba. ¡Lo que me cargaron los muchachos! Me la pegaron en el vestuario, me decían “toro” a cada rato, la típica, se agarraron de esa. En el túnel yo me arremangaba, me ponía una bandita elástica y sentía que me activaba, era una manera de decirme “a partir de ahora no me pueden tumbar, gano todas las divididas”. Era como la palmada en el pecho de Griguol. ¡Cómo me gastaron!

-¿Creés que esta liga que Boca le sacó del buche a River puede ser un punto de inflexión para cambiar la historia reciente?

-Boca se está armando bien, tuvo un cambio de técnico, está jugando mejor, pero no lo veo a River para caerse ni mucho menos. Si River no se desarma y sigue confiando en lo que está haciendo, con Gallardo, lo veo armado, con un mix interesante de jóvenes, gente de experiencia y también intermedia. River sigue estando un paso adelante Boca.

-A Guillermo Barros Schelotto fuiste a buscarlo a un bar para pegarle. ¿Verdadero o falso?

-Verdadero. Me había roto la boca con una patada en el clásico que perdimos 2-1 con los goles del Chelo Delgado y me tuvieron que dar 8 puntos. Guillermo fue el jugador con el que más pica tuve, esa vez me quedé recaliente y averigüé dónde paraba. Fui a esperarlo, pero nunca llegó. No sé qué hubiera pasado. Más de grande coincidí en algunas reuniones y todo bien, incluso cuando me suspendieron por el doping, me habló y me tiró la mejor.

-¿Cómo surgió tu amistad con Coudet?

-Cuando llegó a River empezamos a coincidir en cierta forma de ver la vida. Chacho es muy compañero con los chicos, está queriendo bajar una línea para ayudar en lo que sea, y a mí me ayudó en el campo de juego, porque íbamos por el mismo costado y me decía cuándo pasar y cuándo esperar. Nos entrenábamos juntos en un gimnasio a la tarde, volábamos. Y de ahí siguió la amistad.

-¿Terminaste mal con él después de ser su ayudante de campo durante dos años tan intensos en Central?

-No, si Chacho es mi amigo y hablamos seguido. Cuando uno comparte el día a día durante dos años se agigantan las diferencias. Fue un aprendizaje para ambos, pero me arrastró la situación en lo emocional. Mi tarea era la de mediar un poco, evitar los roces, llevar adelante el ánimo del cuerpo técnico y ser su asistente. Chacho suele estar muy convencido de cómo hacer las cosas, es muy capaz el loco, pero no le gusta delegar. Tipos tan intensos como Chacho te atropellan un poco, pero como amigo siempre le decía lo que pensaba y sentía. Y de entrada le dije que sólo lo iba a acompañar en su primera experiencia como DT.

-¿Sentís que la final de la Copa Argentina 2015 que perdieron con Boca se la robaron?

-En ese momento, en el campo, sentí una animosidad en nuestra contra. Del árbitro y de sus colaboradores. ¿Viste cuándo te van llevando, que todas las divididas van para un lado, que sólo retan a tus jugadores? Eso sentí esa noche. ¿Si Ceballos estaba puesto? Y. después te enterás de un montón de cosas, y hasta salieron las cifras de lo que supuestamente había cobrado. Podés hacer mil conjeturas, yo quiero creer que no hubo nada de eso, o no lo quiero ver. pero me cuesta.

-¿Se te cruzó ir a pegarle?

-A Chacho sí, aunque no creo que llegara a hacerlo, porque ponía en juego su futuro. A mí me agarró para el lado de “¿qué hago acá? Me tengo que ir, si yo sabía que esto era así, una mafia”. Sentí desilusión, que todo se te puede caer en un minuto por una injusticia.

-En la final del año siguiente con River les cobraron dos penales en contra, ¿también viste algo raro?

-No, de Loustau no dudo, aunque para mí se equivocó en uno de los penales. En esa final nosotros tuvimos gran parte de culpa: salimos como a una guerra, desenfocados, no lo jugamos ese partido. Y erramos con Chacho por nuestra inexperiencia: cuando Gallardo metió a los dos delanteros en el ST, tendríamos que haber armado una línea de 5, no reaccionamos. Con esa final no hay quejas; la otra fue asquerosa.

-¿Por qué te dio positivo el control antidoping en 2005?

-No tengo idea. La sustancia fue benzoilecgonina, un derivado de la cocaína. Te aparece porque tomaste 3 litros de té de coca o porque consumiste cocaína. Y yo no tomé té de coca esas noches previas al partido que con Olimpo jugamos en Jujuy contra Gimnasia ni jamás consumí cocaína. No la probé ni vi que la consumieran en reuniones en las que participé. Nunca. Cuando me informaron, no entendía nada. Me puse a averiguar por Internet y luego fui a hablar con un toxicólogo groso de Santa Fe. Le pregunté si me hubiera dado cuenta si me metían cocaína en el puré, ponele, y me dijo que no, que ni te das cuenta.

-Tenías rastas, eras medio hippie, pagabas dos pesos por un positivo de marihuan a.

-Porro he fumado alguna vez, en las vacaciones, no en la época en que jugaba, siempre fui consciente del esfuerzo que había hecho. Además, fue un positivo por un metabolito de cocaína. “Barba, explicame qué es esto”, le decía al de arriba, no podía entenderlo. Estaba enojado, no quería jugar más, pero con mucha ayuda decidí seguir. Me llamaban los amigos para que no deje: el Chacho, Leo (Astrada). “venite a entrenar”, me decían. Terminé entendiendo todo después.

-¿A qué te referís?

-Pasaron esos seis meses de suspensión, le metí con todo y Leo (Astrada) me llevó a Central. A los tres meses me ovacionaba toda la cancha y remonté mi carrera. Después volví a Colón y anduve muy bien. Y ahí va mi entendimiento: después de haberme comido lo del doping sin haberme mandado ninguna, vino a ese mismo nivel una evolución que terminó conmigo en el Mundial de Sudáfrica cuatro años después. Lo del Mundial, para mí, fue lo mismo que lo del doping: no tiene explicación. ¿Te bancaste lo del doping?… ¡Acá tenés lo del Mundial! Eso sentí. Fue un premio por no haberme caído, por levantar la cabeza y pelearla. Pero estuve casi cinco años para entenderlo.

-¿Cuántas veces por semana salían?

-Los miércoles y algunos domingos, dependiendo de cómo nos fuera en el partido. Teníamos 20 años, nos sobraba power para jugar dos partidos y salir dos veces por semana. Los miércoles íbamos a Tequila, porque los jueves entrenábamos a la tarde. ¡Por suerte no existían las redes sociales y los celulares con cámaras! Un domingo empatamos y fuimos a Maluco Beleza, un boliche en el centro. Terminamos todos arriba del parlante haciendo coreografías con los brasileños. Recién a las dos semanas alguien del club nos preguntó si habíamos estado en tal o cual boliche, y en el medio volvimos a ganar un par de partidos. Hoy, con eso te arman un video de 5 minutos, lo viralizan y hacen un desastre. Una vez, después de salir campeones con River, nos fuimos de la fiesta no en las mejores condiciones etílicas (risas) y nos paró un policía y al final lo convencimos para que nos deje ir, pero hoy pasa algo así, lo filman y te pasa lo de (Ricardo) Centurión. A mí, por otra parte, siempre me gustó disfrutar con mis amigos y creo que con nuestra generación las vedettes empezaron a mirar mucho a los futbolistas, como que pasamos de ser grasas a tener onda, y nosotros abrimos esas puertas de diversión, aunque jamás me escapé de la concentración ni le falté el respeto a mi profesión. Eso me gustaría aclararlo.

-¿Te sentiste marcado?

-Un poco sí. Entre 2006 y 2010 varios clubes me vinieron a buscar, pero al final preguntaban por el tema del doping, y eso me tumbaba. Para el que no te conoce, si está la duda de si te drogás o no, no va a apostar por vos. Mis compañeros y amigos no dudaron de mí, sí algunos dirigentes. Incluso me llamaban de centros de recuperación de adictos para ofrecerme su ayuda. “No, no, no, yo no me tengo que recuperar de nada, no necesito tu apoyo, gracias”, les decía (risas). Me hacían enojar.

-¿En los estadios te gritaban “falopero”?

-Sí, pero no me jodía, como cuando me puteaban por cómo jugaba. En mi carrera me han puteado más de lo que me han ovacionado, pero siempre supe quién era y no me afectó.

-¿Qué es “Somos futuro”?

-Un merendero que apadrino en Capitán Bermúdez, en las afueras de Rosario: conseguí apoyos y dinero entre mis relaciones. Son más de 70 chicos de entre 3 y 14 años que van a tomar la merienda, aunque termina siendo más fideos y menos merienda, porque para muchos es la única comida del día. Les damos ropa, les cortamos el pelo, festejamos cumpleaños. También conseguí unos padrinos para chicos con problemas neurológicos a quienes las obras sociales no les dan cobertura. Hacen equino-terapia: están con los caballos, mueven la parte muscular, los abrazan, los bañan, sienten el calor del caballo. Algunos tienen problemas irreversibles pero mejoran la calidad de vida.

-Por tu manera de ser y pensar, ¿renegaste mucho con el ambiente del fútbol cuando jugabas?

-A mí me costó mucho todo lo que es el afuera del fútbol, la hipocresía que lo rodea. Me encontré con un mundo donde todo es por conveniencia y especulación. Cuando sos jugador te conviene ser amigo del tipo de Adidas y del de Nike, te conviene ser amigo del representante, del dirigente, del periodista, ser amigo del que tiene poder, y yo nunca me manejé así. Me decían: “Andá a tal programa porque si no te van a matar”, y no quería ir. La pasé mal. Toda esa parte me hacía sentir que no estaba para esto, pero me fui acomodando como pude.

-Tus mejores amigos del fútbol.

-Franco Costanzo, el Chacho, Placente, Cavenaghi, Moreno y Fabianesi y el Bichi Fuertes son los que más frecuento, seguro me olvido de alguno. Leo Astrada y Pablo Aimar son amigos; con Hernán Díaz me llevé siempre bárbaro, el Burrito (Ortega) es un crack.

-¿Te agarraste a piñas alguna vez con un compañero?

-Un par de veces. En River, con Cuevas, que tenía mucho talento y respetaba a los grandes, pero a mí, que me jugaba el puesto, me tiraba 200 bicicletas y chiches por partido. En un reducido me cansé, lo cogoteé, se fue al piso, hubo un par de manotazos y nada más, a mí no me sobraba nada en River tampoco, me podían dar un voleo en cualquier momento. Otro al que corrí pero no llegué a agarrar fue a Caruso Lombardi cuando estaba en su mejor momento y fantasmeaba a lo loco: les gritaba a sus jugadores,”apretalo a este que no sabe, que es un burro”. Ya en ese momento no lo soportaba, así que apenas terminó el primer tiempo lo fui a buscar, pero me vio y se metió rápido al vestuario.

-Gianinna Maradona dormía con la camiseta de River por tu culpa. ¿Verdadero o falso?

-Verdadero. Cuando Gianinna era chica, 10 o 12 años, me enteré a través del Turco Husaín, que tenía contacto con Claudia, que me tenía como referencia y entonces le regalé un par de camisetas. Incluso fui como sorpresa a su cumpleaños de 13, entré por el ascensor de servicio, y cuando Gianinna me vio se puso a llorar. Ahí Claudia me contó que dormía con mi camiseta de River y que Diego se quería matar, o hacia medio esa parodia.

-Tu día más feliz y tu día más triste en el fútbol.

-El día más triste fue cuando me dio el doping. El más feliz, cuando salimos campeones con River en el 2000. En los festejos entró un camión de bomberos al Monumental, y ahí arriba me encontré con mi hermano, y fue muy lindo. Después festejamos con el plantel en un salón, y al salir había una mamá con un nenito esperándome, me dio un abrazo y me transmitió una ilusión hermosa. En ese instante sentí que ya era alguien que significaba algo y me dio una felicitad extra.

-Jugaste en siete equipos, si tenés que elegir uno…

-River y Central. Si pudiera ir hacia atrás en el tiempo, no me habría ido tan joven de River, como me fui. Lo hice a los 23 años, a México, un poco renegando con las críticas, con “el deber ser” que te impone el fútbol.

-¿Dónde vivís, hoy?

-En Roldán, a 25 km de Rosario. Cuando me retiré en Rafaela, en 2014, mi idea era alejarme. Con mi hija y su madre armamos todo para irnos a San Marcos Sierras, en Córdoba, un pueblo detrás del cerro Uritorco, a vivir en una comunidad, en el medio de la montaña. Había mandado a hacer una casa de barro. Allí vivieron mi hermano y mi hermana en algún momento, hay una vibración energética particular, la gente respira otra espiritualidad y yo quería alejarme de la locura del fútbol, estar en paz, mirarme un poco para adentro. Finalmente tuvimos inconvenientes con la madre de mi niña, nos separamos y se cayó el plan.

-¡¿Pensabas ir a vivir al medio de la montaña?!

-Sí, necesitaba salir un poco de este sistema tan capitalista y a la vez acompañar el crecimiento de mi hija desde otro lugar, que fuera a una escuela libre, con alimentación vegana y con la vida que se lleva en el monte. La escuela se llama “Me río en el monte”, los profes son personas muy espirituales, sigo en contacto con ellos, les regalo pelotas y otros materiales. Al final me vine a vivir a Roldán; mi niña y su madre están cerquita, en Funes, así que todo impecable. El que festejó que se cayera ese plan fue Coudet.

80. -¿Qué hizo el Chacho?

-No quería saber nada con que me fuera a la montaña, me llamaba todos los días para que lo acompañara como ayudante. En realidad, seis meses antes yo le había metido fichas a él para que fuera entrenador. Chacho vivía en Miami, estaba metido con los números, con temas de bancos. “Chacho, ¿qué tenés que ver vos con la banca privada, si tu pasión es el fútbol? Se nota demasiado, dejá esos números”, le decía. Y le hizo ruido. Creo que no era el único que se lo decía.

-Ahora en Roldán. ¿vivís sin tele y desconectado, como en el monte?

-Vivo en una casa, tengo tele, pero no la prendo demasiado. Por ahí miro algún partido, si juegan Central, River o la Selección. Los domingos a la mañana veo las carreras de moto GP y de autos. Aprendí que para estar tranquilo, si bien el contexto influye porque la gran ciudad te arrastra, lo importante es lo que te pasa por dentro. Un ejemplo es la comida. Yo soy vegetariano ya desde mi etapa de jugador, mintiendo y ocultándome, porque el fútbol es tan cuadrado, que si no comías carne o un plato de fideos te ibas a desgarrar, ¿viste? En 2009 arranqué con “la dieta de la zona”, que se basa en tratar de tener los órganos del cuerpo desinflamados. No era un improvisado, eh, había leído varios libros, esto lo creó Barry Sears, un estadounidense muy preparado.

-¿Se lo ocultabas a tus entrenadores?

-Sí. Por ahí llegaba al hotel después del partido y decía: “Ahora no voy a comer”, y a nadie le importaba, entonces subía a la habitación, abría el bolso y entraba a sacar tuppers. En uno había omelette de claras de huevo; en otro, paltas, quesos, aceitunas, frutas, suplementos de aceite de pescado. Arranqué con esta dieta en Colón, antes del Mundial, y algunos compañeros se enteraron y me jodían. Yo me prendía en la cargada pero después, cuando hablábamos en serio, les explicaba y por dentro decían: “Pero este loco se entrena bien, no se lesiona, no se cansa, anda de buen humor”. Eran todas cosas que se veían en el día a día. Si tenés los órganos desinflamados, te recuperás más rápido, rendís más.

-¿Cuánto hay de mito y cuándo de realidad en el episodio del balcón con la Pradón que involucró a varios jugadores de River?

-Todo mito. A tal punto que ninguno de los muchachos nombrados, entre los que me incluyeron, conocimos personalmente a la Pradón. Lo único cierto, creo, es que Cuevas vivía en ese edificio, pero ni siquiera nos juntamos nosotros en la casa de Pipino una vez. Verso total.

-Fuiste amigo de Ameli, ¿en qué anda, después de haber sido eyectado del fútbol por su problema con Tuzzio?

-Coco recibió una condena social con la que no estoy de acuerdo. Vive en Rosario, está construyendo, tiene un club, también loteos en Santa Fe, está ocupado y disfruta de sus hijas. Siempre fue medio indescifrable Coco, pero buena gente, más allá de haberse mandado una cagada, aunque no soy quién para juzgar a nadie. Vivió un tiempo en el sur del país, sé que está yendo al río, aunque no lo vi.

-¿Qué te pareció lo que ocurrió?

-Yo ya no estaba en River, pero todos nos quedamos con Ameli y no fue el único culpable. Veo que lo manejaron mal, porque con el enojo y la bronca de querer prender fuego al otro, lo terminaron haciendo público y se perjudicaron los dos, lamentablemente.

 

-¿Sos de ir a la cancha ?

-Fui al Monumental a ver casi toda la Libertadores 2018 que ganó River, también voy a veces a la de Central. A River voy con unos chicos del interior, soy padrino de María Luz, la hija de un amigo de River que vive en Villa Eloísa, y sacamos entradas por las filiales.

-¿Te reconocen en la cancha?

-Algunos sí, y me tratan mejor que cuando jugaba, ja, ja. Antes estaba ese murmullo, como que no era del paladar del hincha de River y ahora me saludan bien.

-¿Qué reflexión te generó el suicidio de Toresani?

-La problemática del retiro es mucho más grande de lo que se ve. La gente, en general, lo aprecia como algo duro cuando se suicida un jugador, que no son pocos los casos, pero la realidad es que te jubilás a los 35 años, y se hace muy difícil asumirlo. Tengo un proyecto relacionado con este tema para presentarle a Agremiados, veremos si se puede concretar en el corto plazo.

-¿De qué se trata?

-Se llama “El día después” y a través del coaching la idea es poder acompañar y rediseñar la vida del jugador que se retira. Cuando dejás el fútbol se pierde el sentido de todo lo que hacés, porque es comparado con lo que hacías. No hay nada como meter un gol, no hay nada como salir a un estadio lleno, la adrenalina que se genera, el entrenamiento físico, levantarte a las 8 de la mañana para ir a entrenar todos los días, la valorización del afuera. Todo eso se termina y todo eso te lo tenés que dar vos solo de otro modo. Cuando te retirás, dejás de ser lindo, de ser copado, dejás de ser valorado, de ser aprobado. Y ante esa falta, empieza la depresión, energéticamente te caés, porque siempre estuvimos sustentados por el afuera y no por el adentro. Te retirás y te empezás a encontrar solo con el adentro tuyo y ahí sentís que no sabés hacer nada, que nadie te quiere, no encontrás tu lugar con tu mujer y tus hijos, llamás al representante o al que te estaba encima y no te atiende.

-¿Cómo pensás resolverlo?

-Más allá de todas las vivencias, hice un curso de coaching ontológico de dos años en el Instituto ITCR, en Rosario, y ahí incorporé herramientas y armé un proyecto con el coach que me formó a mí. El fútbol argentino tiene una gran carencia en este tema, uno está en una burbuja durante 20 años y no vive la realidad. La idea es prepararlo para que le empiecen a encontrar sentido a esta nueva etapa de la vida, darles herramientas.

-¿Tu idea es volver al fútbol como entrenador en algún momento?

-Volver al fútbol, sí, pero no como entrenador, si ya hay un montón. Me gustaría volver pero para abordar todas estas carencias que existen en el ambiente, la contención para diferentes problemáticas.

-Bueno, Chino, contaste un montón de cosas interesantes, ¿te quedó algo más?

-Ehhh, sí. que vuelvo a jugar al fútbol.

-¡¿Hablás en serio?!

-Por supuesto. Tenemos un sueño familiar que es poder jugar junto a Valentín, mi hijo de 20 años, en el club de mi viejo, en Tandil. Se llama Club Social Deportivo Tandil, juega en la liga tandilense y tiene la camiseta del Aston Villa pero con los colores invertidos. Lo estuvimos charlando mucho con Valentín y con mi viejo y nos entusiasmamos, tengo apenas 40 años, así que nos estamos poniendo a entrenar para jugar en la segunda parte del año. Ya veremos cómo lo hago, entre los autos, el merendero y los proyectos tengo para entretenerme, pero con Valentín vamos a jugar juntos. Es un sueño que nadie nos va a quitar.

 

 

DIARIO LA NACION

Fuente: SOY Deportes

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