La historia del Bocón Torres: el exjugador de Colón que saca a los pibes de la calle entre tiros y narcos | SOY Sabalero Colón de Santa Fe

La historia del Bocón Torres: el exjugador de Colón que saca a los pibes de la calle entre tiros y narcos

Barrio Yapeyú, noroeste de la ciudad de Santa Fe, los pibes van llegando alrededor de las cuatro de la tarde a la canchita. Son más de cien. Un montón. Algunos con botines, otros con zapatillas y muchos sin nada. “En patas”, como es común que digan los chicos cuando van a entrenar. El sol les pega fuerte en la frente y una gota de sudor les recorre la mejilla pero no paran, en realidad no quieren parar de entrenar. Les encanta, sonríen, piensan sólo en el fútbol, sólo en eso como si en sus vidas no existiría otra cosa que pegarle a una pelota. Hasta que pasa una moto, los que van arriba se miran mal con los que están parados en la esquina. La situación cambia por completo. Dan la vuelta, pasan más cerca y ahí se termina todo. Se escucha un grito: “¡abajo!”. Los chicos se agachan y empiezan los tiros. Es ahí donde la realidad la vuelven a vivir.

Cristian “Bocón” Torres: De las canchas de Primera, a sacar pibes de la calle.

En ese lugar, el que está parado es Cristian Torres aunque nadie lo llama por su nombre sino por su apodo: el “Bocón”, quien supo brillar como delantero con la camiseta de Ferro y Quilmes en Buenos Aires. Hoy dirige su escuelita de fútbol en la Avenida 12 de Octubre entre las calles Chaco y Chubut donde está la Vecinal Ceferino Namuncurá. Cada tarde va a cumplir con un objetivo muy particular: tratar de sacar a los pibes de la calle con el fútbol. En un mano a mano con Aire Digital, el exdelantero de Colón en la década del 90 se le desgarra la garganta contando lo que viven en el barrio: “acá los pibes tienen que elegir entre la Play o el arma”.

“Nos pasa muchas veces que estamos entrenando, frenamos todo y tenemos que agacharnos porque pasan los tiros. No te queda otra que salir corriendo. Todos los días no sabés lo que va a pasar. A veces tenemos que practicar con los más chiquitos adentro de la vecinal porque si no es por los enfrentamientos es por los que no te dejan trabajar tranquilo”, cuenta Bocón Torres con tristeza y agrega: “Vienen y se fuman un porro adelante los pibes, muchas veces no me queda otra cosa que hablarles y decirles que se vayan. Es la realidad de lo que pasa en el barrio”.

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Abajo: la sonrisa de los chicos después del entrenamiento en la escuelita de fútbol. Arriba: el Bocón Torres y su colaborador, Mauro Torres.

Abajo: la sonrisa de los chicos después del entrenamiento en la escuelita de fútbol. Arriba: el Bocón Torres y su colaborador, Mauro Torres.

Maiquel Torcatt / Aire Digital

La Vecinal de Yapeyú se fundó el 3 de febrero de 1960, desde ese día fue cambiando a medida que pasaron los años. Las calles principales fueron asfaltadas, los ranchitos de barro y techos de paja pasaron a ser casas de ladrillos con chapas, el barrio se fue poblando cada vez más aunque fue directamente proporcional con el aumento de la violencia delictiva y el narcotráfico. Sin embargo, el Bocón Torres ama el lugar donde se crió. “Este es un lugar hermoso. Todos queremos vivir acá por más que pasen las cosas que pasan. En este lugar se hacían bailes enormes, ahora por la pandemia no se puede pero hay un montón de actividades para ayudar a la gente. Y es todo a pulmón”.

Combatir los problemas sociales: una función difícil pero no imposible

En la escuela de fútbol del Bocón Torres asisten unos cien jóvenes entre 5 y 16 años. “Acá hay todo lo que te imaginas. Si a los chicos no los tienen ‘cortito’ en la calle es muy difícil. Hoy con 15 o 16 años ya deciden qué quieren hacer. Estaría bueno que también alguien venga a darle charlas a los chicos porque lo único que hacemos es criticarlos, decimos que se drogan, que son villeros pero nadie sabe qué les pasa, si los padres están separados, si tienen para comer. Los chicos vienen en zapatillas solas o a veces ni eso“.

Cuando tiene que hablar de sus chicos se le cambia la voz y, en un tono más bajo, explica qué intentan hacer con ellos: “tratamos de demostrarle lo que está mal. Que dejen la calle, que se acuesten temprano, que traten de tener un futuro. Creo que lo principal debe ser educarlos. Tratar de enseñarles una profesión y educarlos con el fútbol pero hay un gran problema que es horrible: los pibes vienen sin comer, “pasan de largo como loco”. Vienen sin haber tomado agua porque en sus casas no sale si no tenés una bomba . Es la realidad que nos toca vivir”.

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La escuelita de fútbol es el refugio para muchos de los niños que asisten a diario.

La escuelita de fútbol es el refugio para muchos de los niños que asisten a diario.

Maiquel Torcatt / Aire Digital
Su experiencia de vida para que los demás no lo sufran

Cristian Gabriel Torres nació el 26 de agosto de 1975 en Santa Fe. Se crió en una gran familia. Es el hermano varón más grande de todos. En total son cinco hermanos y cinco hermanas. A los 15 años se fue a Buenos Aires para jugar en las inferiores de Ferro. “Todo este amor por los chicos me surge por todo lo que pasé de pibe. Por haberlo vivido en carne propia. Pienso que tuve la suerte de irme de acá pero quizás si me quedaba iba a ser como uno de esos pibes que andan por la vida mala”.

“Estaría bueno que también alguien venga a darle charlas a los chicos porque lo único que hacemos es criticarlos, decimos que se drogan, que son villeros pero nadie sabe qué les pasa”, dice Cristian “Bocón” Torres.

Tan cruel como real, el relato del “Bocón” tiene un agradecimiento especial: su familia. “Por eso yo agradezco a mis padres que cuando me llegó la posibilidad de irme, me exigieron que me vaya. Bueno, ahora quiero hacer eso con los pibes del barrio. Por lo menos dimos el puntapié inicial. Hace mucho tiempo que venía con ganas de hacer algo para ayudar. Entonces empezamos a sacarlos de la calle, para que tengan una pasión, algo que pueden hacer sin pensar en lo malo. Y fue ahí cuando decidí fundar la escuelita de fútbol”.

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El Bocón Torres dirigiendo a los jóvenes.

El Bocón Torres dirigiendo a los jóvenes.

Maiquel Torcatt / Aire Digital
Una vida por el fútbol

El Bocón Torres se inició en las inferiores de Ferro donde debutó en Primera División en 1994 hasta 1997, luego continuó su carrera en Colón donde disputó 10 partidos y convirtió 1 gol (a San Lorenzo). En 1998 pasó a Quilmes, en el Nacional B; en 1999, a Guaraní (Paraguay); en 2000 regresó a Colón; el mismo año pasó a Atlético Rafaela, en el Nacional B; en 2001 pasó a Zacatepec (México), en Segunda División; en 2002 regresó a Quilmes, en el Nacional B; en 2003 paso a Belgrano (Córdoba), en el Nacional B; en 2004, a Blooming (Bolivia); en 2005, a Real Potosí (Bolivia); en 2006, a Sarmiento (Junín), en el Nacional B; en 2006, a Independiente Rivadavia (Mendoza), en el Argentino A; el mismo año, a Atlético Tucumán, en el Argentino A; en 2007, a Libertad (Sunchales), en el Argentino A; en 2009, a 9 de Julio (Rafaela), en el Argentino A; en 2011, a Sportivo Desamparados (San Juan), en el Argentino A; en 2013, a La Perla del Oeste donde terminó su carrera.

Almagro 1 Quilmes 1 Gol agónico del Bocón Torres

“Tengo los mejores recuerdos y los peores como futbolista. Todos dicen que somos privilegiados que ganamos mucha plata pero mí me tocó una situación que antes no se ganaba lo que se gana hoy. Recuerdo que cuando me fui a Ferro me gustaba escuchar mucha música y le pedí a mis viejos un grabador pasacassette y me lo dieron. Cuando llegué a la pensión del club éramos dieciocho bajo el mismo techo. Siempre cuento que ‘soñábamos lo mismo del hambre que teníamos’. Los que éramos del interior los fin de semana nos miramos entre nosotros porque no teníamos ni para la gaseosa pero esas son las enseñanzas que me dejó el fútbol para que después transmitirle a los chicos”, contó mientras le brillaban los ojos.

Su amor por el fútbol está tan ligado a toda su vida que tiene dos hijos que son fútbolistas con Mónica Moreyra, su compañera hace 30 años y esposa hace 25. Un pilar para él que lo acompañó en las buenas y en las malas. Ella le dio sus dos grandes orgullos: Joel Fabián Torres que juega en las inferiores de Unión y Jonathan Torres, delantero titular de Sarmiento de Junín recientemente ascendido a la Liga Profesional. “Elijo quedarme con las cosas buenas, mis hijos ahora son futbolistas. Mi familia que me bancó todo el tiempo y mi señora que siempre estuvo a mi lado. Trato de no recordarlo malo porque eso me tira abajo”.

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Más de 100 chicos asisten a la escuelita de fútbol de Cristian

Más de 100 chicos asisten a la escuelita de fútbol de Cristian “Bocón” Torres.

Maiquel Torcatt / Aire Digital

Uno de esos momentos que le cuesta recordar aunque no se arrepiente de nada fue su paso por Colón: “Cumplí el sueño de hincha. Jugué la Copa Libertadores, le hice un gol a San Lorenzo que todavía lo estamos gritando, lo tomó esa manera como el sueño del barrio. De todos modos, siento que mandé una macana cuando vine a Colón por que no me fui del barrio no me fui a vivir a otro lado. Entonces, esto es lo que me jugó en contra porque viste como es la gente, habla mucho. Me quedaba a con mis amigos a tomar una gaseosa y la gente decía que estaba tomando un porrón. ¿Me entendés? Nada que ver. Encima después en los partidos no me salían las cosas y me reprochaban mucho. Todo era peor”.

Tenía que irse y no se fue, un error que se lo reprochará siempre. “El barrio es complicado porque uno no quiere quedar mal con nadie por eso cuando te invitan a un asado querés ir, o a un cumpleaños también y te olvidás que sos jugador profesional.

El final de su carrera y pedido muy especial

El Bocón Torres intenta disimular la bronca después de dedicarle toda su vida al fútbol cuando cuenta la pesadilla que fue terminar con su carrera: “El día que tu cuerpo te dice basta, que te das cuenta que tenés que dejar de jugar al fútbol es lo peor que hay. Cuando lo hice, estuve tres años en mi casa preguntándome qué hice mal. Por qué pasé de ser jugador profesional a no ser más nada. Los amigos que me dieron una mano no son del fútbol. Agradezco a Sergio Torres, al Chino Bonaveri que me atendieron del teléfono y ayudaron”.

Y siguió: “yo no quería que me den plata, simplemente que me atiendan el teléfono, que me pregunten ‘che loco, cómo andás en el barrio, necesitás una pelota’, eso a mi me iba a poner contento. Pensaba en lo que le pasó al “Huevo” Toresani. Hace 15 años que nadie sabe nada de mí, qué fue de mi vida, quizás deben pensar que estoy preso. Eso se siente como una puñalada en el pecho. Por eso la tranquilidad que tengo es que siempre hice las cosas bien y que puedo ver a la gente de frente. Puede caminar tranquilo por el barrio”.

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La Vecinal Ceferino Namuncurá está en la Avenida 12 de Octubre entre las calles Chaco y Chubut.

La Vecinal Ceferino Namuncurá está en la Avenida 12 de Octubre entre las calles Chaco y Chubut.

Maiquel Torcatt / Aire Digital

Por último, contó el sufrimiento de no seguir haciendo lo que más le gustaba: “Es dolorosísimo para los futbolistas que dejan de jugar al fútbol. Me retiré a los 35 años, tengo 15 años de aportes y no tengo obra social. Es una vergüenza. Tengo que ir al dispensario del barrio si me pasa algo. Es la realidad de cómo es el fútbol, la dos caras de la moneda: un día sos profesional y al otro, no sos nada”.

Pero vos Bocón, vos sí sos alguien, sos una persona que tiene un objetivo fundamental: que los pibes del barrio recuperen la sonrisa.

Fuente: Aire de Santa Fe