La superadora historia de vida de Wilson Morelo | SOY Sabalero Colón de Santa Fe

La superadora historia de vida de Wilson Morelo


Demian Meltzer

Wilson Morelo
Colón
Copa Sudamericana

-Sos el único jugador de Colón que ganó un título internacional. ¿Cómo lo esperás?

-Sí, con Independiente Santa Fe, en 2015. En ese momento me encontré yo en la posición de ellos y pude ser campeón. Ya gané esta Copa y quiero sentirlo de nuevo. Tenemos mucha fe de que Dios nos la va a regalar y los muchachos van a poder levantar este título y quedará en sus pergaminos, en su historia y en su jerarquía.

-¿Qué se les dice a los compañeros?

-Se les transmite el saber que hemos recorrido un camino difícil, con muchas tormentas. Ellos saben que nadie nos ha regalado nada. Y cuando los miro a la cara, los veo convencidos de que sí se puede. Siempre insistimos y persistimos. Y estamos unidos. Enfrente habrá un rival que tiene los mismos sueños y anhelos que nosotros, por algo están en la final. Pero para que le ganes a un equipo que está unido, y que se hace fuerte en eso, te va a costar.

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-¿En qué partido de toda la Sudamericana viste esa convicción?

-En el último, en Brasil. No se veía por dónde entrarle al Mineiro. En el primer tiempo nos hubiésemos podido comer cinco goles, íbamos 0-2 y nunca el equipo se entregó. Vino la jugada del penal, empatamos la serie y casi lo ganamos sin los penales.

-Pocos apostaban a que Colón podría jugar una final así alguna vez… Ni siquiera el hinchas más optimista…

-¡Yo lo creía! En una reunión en la pretemporada con Pablo (Lavallén), nos planteó cuál era el objetivo de cada uno. Y cuando me tocó a mí hablar, dije que me había motivado llegar a Colón y ver que nunca había logrado un título. En el momento sonó como que “éste está loco” y ahora estamos a 90 minutos de poder hacer historia en un club que en 114 años no ha podido ganar. Y es cierto que el hincha no lo esperaba pero está viviendo una locura hermosa. ¡Y los sacrificios que han hecho por un boleto! Esperan este partido más que un clásico. Y ahora lo quieren ganar, como nosotros. Puede llegar a haber 40.000 personas de Colón y se me pasa por la cabeza qué lindo sería festejar con ellos.

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-Llegaste a Colón con Comesaña. Él se va, agarra Lavallén y no jugabas. ¿En algún momento te quisiste volver a Colombia? ¿Te sentiste incómodo?

-Incómodo, sí. Me quise ir, no. Yo venía de ser el goleador de la Libertadores 2018, de haber sido goleador de la Sudamericana 2015 y de haber metido muchos goles en mi carrera pero tal vez Lavallén no me conocía bien y entendí un poco esa situación. Y siempre supe que apenas el profe me diera la oportunidad, sabía que Dios iba a estar conmigo ahí para hacerme brillar.

-Tu festejo de los goles, con los brazos en señal al cielo, es muy imitado por los hinchas. ¿Qué representa para vos?

-Nosotros, los hijos de Dios, somos representantes de Él en cualquier lugar en donde estemos, en cualquier trabajo que hagamos, y desde ahí tenemos que honrarlo, exaltarlo a Él. Y que la gente pueda ver que Dios sí transforma, que Dios sí cambia, que Dios no es una religión sino una relación personal… No es que estas personas se hayan contagiado sino que Dios, de una u otra forma, ha permitido que su palabra ahonde en sus corazones y que la gente pueda ver en mí esas cualidades de decir “con Dios es posible”.

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-¿Y quién empuja al pelota cuando estás abajo del arco: Dios también o es Wilson Morelo el que aparece en su faceta goleadora?

-Soy instrumento en las manos de Dios. Obviamente soy yo el que empuja la pelota, como dices tú, pero yo sé que es guiado por el poder de Dios. Porque me tiene en el lugar preciso, en el momento justo y yo, por medio de los goles, puedo honrarlo a él medio de un partido.

-¿Cuándo supiste que ibas a ser delantero?

-Desde pequeñito. En los torneítos que jugaba siempre me iba bien y hacía goles y goles. Me quisieron cambiar de puesto porque no soy un delantero grandote, mido 1,71 metro. Y yo me rebelaba y decía que no, que no quería ser volante por fuera ni nada, porque cuando te comienzan a meter ahí, ahí te quedas. Y cuando me dieron la oportunidad en Primera y empecé a meter mis primeros goles, dije: “Ya aquí no me van a poder cambiar de posición”. Fue cuestión de personalidad y carácter. Me llena de satisfacción haber sido goleador de los dos torneos más importantes de Sudamérica cuando no creían en mí por mi altura.

Morelo cuando fuera premiado por Conmebol.

Morelo cuando fuera premiado por Conmebol.

-Varios delanteros “bajitos” han triunfado. ¿En quiénes te reflejaste?

-De pequeño, miraba a Antony De Ávila, porque siempre hacía goles y era más chiquito que yo (NdeR: mide 1,57 metro). Y después, cuando jugué en América de Cali, lo tuve de amigo al Pitufo, je. Y hoy veo mucho a Agüero, que es de mis características. Y también a Messi: no es 9 pero es el goleador del mundo. Y miden 1,68; 1,69… Bajitos que juegan por fuera hay muchos pero que juegan de 9 y hacen goles, son pocos. No necesitás medir 1,90 y pesar 90 kilos para poder jugar ahí. Por supuesto, no tengo el juego aéreo de un grandote, pero puedo tirarme a los costados, hacer daño de afuera hacia adentro con la movilidad, sacarle provecho a la potencia, a atacar los espacios vacíos más rápido…

Morelo festeja el 2 a 0 de Colón ante Godoy Cruz (Télam).

Morelo festeja el 2 a 0 de Colón ante Godoy Cruz (Télam).

-Y hoy que estás en las puertas de un título, ¿de qué sacrificio te acordás?

-A los 13 ó 14 años ya me mentalicé que quería jugar al fútbol profesional para sacar a mi familia adelante. Mi barrio Cantaclaro, en Montería, nació como una invasión de gente muy pobre y vulnerable. De casa con techos de plástico y paredes de tabla. Con mucha delincuencia y muerte, incluso de amigos. Siempre me ofrecían cosas que yo sabía que me iban a alejar de lo que siempre quise. Y la verdad que no sé qué habría sido de mi vida sin el fútbol, no sé si ahora estaría vivo o no… Por estar enfocado en la pelota, estoy donde estoy.

-¿Y pudiste sacar a tu familia?

-Pude sacarlos a los 21, 22 años, a mi mamá, a mi papá, a todos mis hermanos. No reniego del lugar en el que me crié, ese barrio me formó en mi carácter. Y aún tengo amigos ahí que me visitan. Pero le agradezco a Dios de vivir lo que vivo y de haber conocido las dos caras de la moneda.

Fuente: Olé